
¿Qué son las 'midterms'? El examen electoral en EE.UU.
En Estados Unidos, cada cuatro años se celebran elecciones para elegir al presidente y cada dos, los estadounidenses acuden a las urnas para elegir la composición de sus cámaras legislativas. Estas últimas son las que se conocen como elecciones de medio mandato. Como su nombre indica, ocurren a la mitad del mandato presidencial, por lo que marcan la capacidad de acción del presidente en los últimos años de su gobierno. Aquí os explicamos qué son exactamente y por qué son importantes.

Las elecciones
El Congreso estadounidense está formado por dos hemiciclos: el Senado y la Cámara de Representantes. En el caso de la Cámara de Representantes, sus 435 miembros son elegidos para un periodo de dos años, por lo que la Cámara al completo se renueva en estas elecciones. Como es evidente, al ser cada dos años, una de cada dos coincide con las presidenciales, mientras que la otra es de medio mandato.
Por su parte, en el Senado es algo más complejo. Aunque cada Estado elige dos senadores, sin importar su población o tamaño, para un periodo de seis años, no todos se renuevan a la vez, ya que el Senado se divide en tres grupos y cada tercio se vota cada dos años. Por tanto, en las elecciones de medio mandato se vota la composición total de la Cámara de Representantes y un tercio de la del Senado.
Al igual que las elecciones presidenciales, las de medio mandato también tienen una fecha fija. Se celebran en los años pares, el martes siguiente al primer lunes de noviembre, por lo que los comicios siempre se producen entre el 2 y el 8 de ese mismo mes.

Aunque la composición del Congreso es el aspecto más importante de las elecciones de medio mandato, en la mayoría de los Estados también se eligen otros cargos como gobernadores o parlamentarios estatales, además de alcaldes, jueces o fiscales.
Los orígenes
Las elecciones de medio mandato provienen de las ideas que los Padres Fundadores plasmaron en la Constitución. Consideraban que mandatos cortos, como los dos años de la Cámara de Representantes, acercarían a los legisladores a la ciudadanía al responder con frecuencia por sus acciones. Sin embargo, estos mandatos cortos podrían generar inestabilidad en el Congreso y, para equilibrar esta cuestión, decidieron hacer más largos los mandatos del Senado, pero con una renovación escalonada.
Buscaban de esa manera el equilibrio entre la rendición de cuentas frecuente y la estabilidad institucional. Por último, tienen otra función: la de la separación de poderes. El sistema estadounidense se construyó bajo la premisa de que ningún poder tenga demasiado control; al no coincidir los calendarios electorales, se da la oportunidad a los ciudadanos de corregir el rumbo de la presidencia con un Congreso adverso o de reforzar la acción presidencial con un Congreso favorable.
¿Por qué importan?
Las elecciones de medio mandato son especialmente relevantes por varios motivos. El primero y el más evidente es que determinan quién controla el Congreso. El Congreso tiene el poder de aprobar leyes, elaborar el presupuesto federal, aumentar los impuestos, confirmar o rechazar nombramientos (como los jueces del Tribunal Supremo, por ejemplo) y supervisar al Gobierno. Si el Congreso está en manos del partido contrario al del presidente, su capacidad para legislar se verá muy limitada, y tendrá que negociar y hacer concesiones para continuar con su agenda. En estos casos suele ocurrir que los grandes proyectos de ley del presidente se estancan y tienen muchas más dificultades para salir adelante.

En segundo lugar, las elecciones de medio mandato suelen interpretarse como un plebiscito sobre el presidente. De hecho, históricamente estas son unas elecciones de castigo. Desde la Segunda Guerra Mundial, el partido del presidente ha perdido, de media, 27 escaños en la Cámara de Representantes y alrededor de cuatro senadores. Esta tendencia se acrecienta en el segundo mandato de un presidente.
Por último, independientemente del contexto, las consecuencias de estas elecciones pueden arrastrarse durante mucho tiempo. Por ejemplo, los parlamentos estatales tienen la potestad de redibujar los distritos electorales a partir de cada censo (que se realiza cada 10 años), y la forma en que se trazan esos distritos puede favorecer a uno u otro partido durante toda la década. Por supuesto, el control del Senado otorga la oportunidad de condicionar la composición de los tribunales federales durante décadas, pues su puesto es vitalicio.
A pesar de su importancia, las elecciones de medio mandato suelen registrar una participación significativamente menor comparada con las presidenciales. En las presidenciales, la participación suele situarse en torno a un 50-60 % mientras que en las de medio mandato está cerca del 40 %. La baja participación también tiene consecuencias en campaña, pues cada voto “pesa más” y se convierte en una lucha por movilizar a las bases, especialmente en las elecciones de cargos locales y estatales, donde la participación es aún menor y pequeñas fluctuaciones en el voto pueden tener un gran impacto en los resultados.

En definitiva, las elecciones de medio mandato marcan uno de los momentos políticos más relevantes en el sistema institucional estadounidense. No solo son un plebiscito sobre la acción presidencial, sino que condicionan su capacidad futura de legislar. Además, sus ramificaciones e impacto se extienden por todo el sistema estadounidense, desde la presidencia hasta las alcaldías.