Entre el gran público es bien conocida la idea de que el uso del arma nuclear constituye el último paso en la escalada bélica, la guerra total, y por lo tanto su misma existencia se convierte en la máxima disuasión, según la doctrina de la destrucción mutua asegurada (MAD, por sus siglas en inglés). 

Sin embargo, el umbral del MAD no es una línea tan definida como se suele pensar en el imaginario colectivo, y aquí, junto con la decisiva importancia de las tecnologías subsidiarias (como vectores de lanzamiento o sistemas de alerta temprana), entra el concepto de latencia nuclear.

 Esta foto fue tomada en el desfile del Día del Ejército de la República Islámica de Irán de 2016 en Teherán. En ella se lee "Muerte a Israel".
 Esta foto fue tomada en el desfile del Día del Ejército de la República Islámica de Irán en Teherán, el 18 de abril de 2016. En ella se lee "Muerte a Israel". Fuente: Corporación de Medios Fars

La latencia nuclear fue definida por el Bulletin of the Atomic Scientists como la capacidad tecnológica de producir bombas atómicas, junto con la intención de hacerlo. Otros analistas y organizaciones prefieren centrarse simplemente en el primer factor. 

Teniendo en cuenta sólo la capacidad para producir rápidamente el arma, el país más cercano del umbral nuclear es Japón. Algunas estimaciones calculan que tan solo tardaría unos pocos meses en fabricarla. Otras potencias nucleares latentes son Corea del Sur, Brasil, Alemania o Irán. 

Antes de ser derrocado en 1979, el programa nuclear del sah, desarrollado bajo el ala protectora de EE.UU., y del que es heredero el programa de la República Islámica, tenía como objetivo establecerse en un umbral de 18 meses. Así lo afirman algunos miembros del círculo interno de Mohamed Reza Pahlavi en sus memorias.

La latencia nuclear puede ejercer una disuasión indirecta al dificultar que otros Estados se posicionen a largo plazo como amenazas existenciales frente a una potencia con capacidad latente, mientras esta evita ser percibida como una amenaza abierta y reduce así el riesgo de escalada bélica. Este ha sido, en esencia, el paradigma de la República Islámica de Irán, al menos desde 2003 y, en términos generales, hasta ahora.

Alí Jamenei inspecciona tropas desde vehículo militar acompañado por oficiales
Alí Jamenei inspecciona una formación de tropas iraníes durante unas maniobras militares en la provincia de Juzestán, 8 de diciembre de 2004. Fuente: Dominio Público

En 2003, Jamenei emitió una fatua en la que declaraba la incompatibilidad de la doctrina y moral islámicas con el uso de armas atómicas. Con ello daba por completado un capítulo en el que el régimen de los ayatolás, ante la amenaza de un Iraq nuclear, había recuperado el programa del sah.

Tras la invasión estadounidense y el derrocamiento de Saddam Hussein, la amenaza inmediata se desactivó y, apoyado también en grupos religiosos conservadores que desaprobaban la “tecnología de muerte”, el Líder Supremo consideró que mantenerse en estado latente (la fatua no condenaba el desarrollo nuclear) era la mejor opción para evitar sufrir la misma suerte que su vecino. 

Los que desdeñan la fatua considerándola propaganda ignoran (¿deliberadamente?) el papel central que el islamismo juega en la legitimación del régimen. Por poner un símil imperfecto con declaraciones programáticas del mundo occidental, el valor de la fatua es menos parecido a una promesa electoral o una exhortación papal, y más a la firma de un documento en defensa de los derechos humanos. 

Por supuesto que se puede deshacer su ratificación, o se puede interpretar interesadamente su aplicación para aguar el contenido. Pero el desgaste político no es menor. Otra comparación que se puede delinear es con las doctrinas de uso de las armas atómicas. 

 Declaración de Teherán - 21 de octubre de 2003 - Joschka Fischer, Hassan Rouhani, Dominique de Villepin y Jack Straw
La Declaración de Teherán del 21 de octubre de 2003 selló un acuerdo entre Irán y los ministros de Exteriores de Reino Unido, Francia y Alemania. Teherán reafirmó que su programa nuclear era pacífico, aceptó cooperar con el OIEA, firmar el Protocolo Adicional y suspender voluntariamente el enriquecimiento y reprocesamiento de uranio. A cambio, los europeos reconocieron su derecho a la energía nuclear civil y ofrecieron diálogo y cooperación futura para evitar una escalada inmediata en la crisis. Autor: Farzad Khorasani

A nadie se le escapa que se pueden cambiar en función de las circunstancias, pero está claro que ofrece mayor seguridad y predictibilidad una doctrina que establece que nunca se usará una cabeza nuclear en respuesta a un ataque convencional, que una que anuncia que se reserva el derecho a ello.

Pero más allá de la fuerza jurídica teórica de la fatua, la realidad es que varios autores han ido señalando, desde 2003, que el desarrollo del programa nuclear de Irán se correspondía, en efecto, con el de una potencia que buscaba un estado de latencia, no de posesión efectiva del arma. 

En 2007, el doctor Gary Sick, que manejó en 1979 la política estadounidense respecto a la Revolución Islámica y la crisis de los rehenes, afirmaba que los datos respecto a la velocidad del programa, comparado con casos similares como el de Pakistán, confirmaban esta interpretación. 

En los años posteriores, ha habido revuelos periódicos que afirmaban que Irán estaba “a días de desarrollar el material suficiente para una bomba”, sin que nunca se materializara la amenaza, ni siquiera en ausencia de medidas económicas o militares para neutralizarla. En 2024, todavía, la Oficina del Director de Inteligencia Nacional afirmaba que el país no había dado ningún paso hacia la adaptación del programa nuclear a un uso bélico (weaponization). 

El Sr. Carter se reunió con Gary Sick, asesor de seguridad nacional, en el Despacho Oval. Tras la derrota del Sr. Carter.
Carter reunido con Gary Sick, asesor de seguridad nacional, en el Despacho Oval. Tras la derrota de Carter en las elecciones de 1980, Sick planteó la teoría de que un aliado de Reagan había negociado un acuerdo con Irán para la liberación de los rehenes después de las elecciones a cambio de armas. Fuente: New York Times

En los últimos meses, tanto el hasta ahora director del Centro Nacional de Antiterrorismo como la directora de Inteligencia Nacional han declarado que Irán no presentaba ninguna amenaza inminente para EE.UU.

La situación, sin embargo, ha cambiado. O quizá lleva cambiando desde la guerra de los doce días de junio, como algunos venimos señalando. La latencia nuclear ya no parece una opción suficiente para garantizar la disuasión.

En un entorno en el que las grandes potencias mundiales ejecutan operaciones militares a gran escala sin mediar provocación directa y en pleno contexto de negociación, el umbral de credibilidad se desplaza hacia la capacidad —o, al menos, la amenaza— de una respuesta inmediata.

Este cambio es especialmente relevante en el caso de la República Islámica de Irán, que carece de aliados formales. Rusia y China han actuado como socios, pero no como garantes de seguridad. En paralelo, Israel y Estados Unidos han establecido explícitamente un marco de actuación excepcional, mientras que el resto de potencias lo ha asumido de facto. 

Mapa TPR 82 Israel e Irán, dos enemigos en Oriente Próximo.avif

El resultado es un entorno en el que las restricciones operativas derivadas del derecho internacional pierden eficacia práctica a la hora de la verdad, pues no se aplican a potencias como EE.UU. Por tanto, estamos ante una situación en la que la cuestión de la soberanía iraní se está vinculando cada vez más fuertemente a su condición de potencia nuclear. 

Desde la perspectiva del régimen islámico, si la latencia deja de ser una herramienta creíble, el margen de maniobra se reduce a dos alternativas: la renuncia efectiva a parte de la soberanía nacional o el desarrollo del arma nuclear.

Desde la óptica de Estados Unidos y del resto de actores que buscan evitar ese segundo escenario, las decisiones adoptadas en junio de 2025 y marzo de 2026 han ido estrechando el abanico de opciones disponibles. La primera pasa por forzar una capitulación estratégica completa —ya sea mediante la imposición de un gobierno afín o la fragmentación del Estado—.

La segunda opción consiste en asumir un esquema de contención activa, basado en operaciones periódicas —al estilo de Midnight Hammer— orientadas a degradar de forma recurrente su umbral de latencia nuclear.

Ambas vías, además de presentar costes elevados en términos morales y estratégicos, resultan difícilmente viables sin una operación militar a gran escala.

Los ministros de Asuntos Exteriores y otros funcionarios de los países del P5+1, la Unión Europea e Irán anunciaron el marco de un acuerdo integral sobre el programa nuclear iraní.
Los ministros de Asuntos Exteriores y otros funcionarios de los países del P5+1, la Unión Europea e Irán durante el anuncio del acuerdo integral sobre el programa nuclear iraní . Hailong Wu de China, Laurent Fabius de Francia, Frank-Walter Steinmeier de Alemania, Federica Mogherini de la Unión Europea, Javad Zarif de Irán, Alexey Karpov de Rusia, Philip Hammond del Reino Unido y John Kerry de los Estados Unidos en el auditorio "Forum Rolex" del Centro de Aprendizaje de la EPFL, Écublens - Lausana, Suiza, el 2 de abril de 2015. Fuente: Dominio Público

Quedaría, en último término, una tercera vía: la recuperación de un marco negociado similar al acuerdo de 2015, no maximalista, que permita a la República Islámica de Irán mantener una latencia nuclear bajo supervisión internacional.

Fuentes consultadas

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