Se acabó. Tras más de 16 años de gobierno ininterrumpido y 20 en total, la etapa de Viktor Orbán como Primer Ministro de Hungría ha terminado. Las elecciones del pasado domingo nos dejan un cambio de gobierno que ahora estará en manos de Péter Magyar, antiguo aliado de Orbán y que hoy le quita el puesto. 

Desde Bruselas respiran aliviados, mientras que Moscú y Washington poco más pueden hacer que asumir la derrota del que era su mayor aliado en el continente. Ahora comienza una nueva etapa que promete enterrar el conflicto entre Budapest y la Comisión Europea y deshacer las reformas iliberales del orbanismo.

Péter Magyar sostiene una bandera de Hungría durante un acto de campaña.
Péter Magyar sostiene una bandera de Hungría durante un acto de campaña. Fuente: X

El resultado

Las encuestas venían anticipando desde hace meses la ventaja de Tisza —Péter Magyar—, que se fue ampliando a medida que se acercaban los comicios hasta situarse, de media, en torno a 10 puntos por encima de Fidesz, el partido de Viktor Orbán.

Sin embargo, dado que las encuestas en Hungría han fallado en ocasiones anteriores y suelen estar politizadas en uno u otro sentido, junto con lo abultado de una ventaja que muchos consideraban poco realista, la jornada electoral se afrontó con optimismo en la oposición, pero también con cautela.

Finalmente, los sondeos no solo no se equivocaron, sino que se quedaron cortos. Tisza ha ganado las elecciones con un 53 % de los votos, 14 puntos por encima de Fidesz, que se queda en el 39 %.

En algunos círculos de Bruselas y en la oposición húngara existía preocupación sobre si Orbán reconocería el resultado, especialmente si este era ajustado. Finalmente, no se produjeron incidentes: Orbán no solo aceptó el resultado con rapidez, sino que felicitó a Péter Magyar cuando el recuento aún no había concluido.

Resultado elecciones generales Hungría 2026.
Fuente: Comisión Electoral húngara

La reacción en Bruselas no se hizo esperar y Úrsula von der Leyen dejó claro su optimismo respecto a la derrota de Orbán: “Hungría ha elegido Europa. Europa siempre ha elegido Hungría. Un país reclama su camino europeo. La Unión se vuelve más fuerte”.

Un cambio de régimen

La abultada victoria le otorga a Tisza 138 diputados, cinco más de los necesarios para obtener la mayoría de dos tercios, lo que les permitirá modificar la constitución y varias de las leyes que han convertido al país en una autocracia electoral. 

Con todo, no solo bastará con cambiar la legislación, las personas que rigen las instituciones del país, como el Tribunal Supremo o el Fiscal General, ocupan su cargo por ser afines a Orbán y esta situación deberá cambiar si Tisza quiere realmente generar un cambio profundo en Hungría. 

A esto se refirió el propio Magyar en su discurso de victoria: “Hoy el pueblo húngaro ha decidido cambiar de régimen y quienes forman parte de este régimen deben abandonar la vida pública. Hago un llamamiento a todos los títeres para que hagan lo mismo, para que abandonen sus cargos, aquellos que han servido al régimen de Orbán en los últimos 16 años”. 

Magyar llegó a pedir directamente al presidente, aliado de Orbán y con capacidad de veto legislativo, que abandonara el cargo tras la formación de gobierno.

Consecuencias internacionales

Más allá de las reformas institucionales para fortalecer la democracia en Hungría y deshacer el orbanismo, la victoria de Magyar genera optimismo en Bruselas por la posibilidad de reconfigurar las relaciones. Que Magyar tendrá una actitud más constructiva y colaborativa con la UE es evidente, de hecho, ha sido uno de los puntos fuertes de su campaña. 

Sin embargo, tampoco hay que confundir a Magyar con un entusiasta europeísta. Magyar es, ante todo, un líder nacionalista y chocará con la UE en muchos puntos. Tisza votó en el Parlamento Europeo en contra del préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania a pesar de que no implicaba desembolso alguno para Hungría. 

Si bien es cierto que hay que entender el movimiento como parte de una campaña electoral en la que era clave no mostrarse demasiado afín a Bruselas, este hecho resume bastante bien la complejidad que pueden tener las relaciones con la Comisión. Además, Magyar prometió someter a referéndum la adhesión de Ucrania a la UE, lo que podría descarrilar todo el proceso y en la práctica actuaría como veto. 

Por otro lado, ha prometido desbloquear los fondos europeos retenidos por la Comisión, establecer una relación más constructiva con Bruselas y entrar en el euro. Lo esperable es que encontremos en Magyar un líder pragmático y dispuesto a llegar a acuerdos, que no va a asumir simplemente las tesis de Bruselas, pero que estará dispuesto a negociar con una actitud constructiva. En conclusión, una mejora significativa con respecto a Orbán, aún sin ser un Primer Ministro europeísta.

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Otra de las derivadas en clave europea es la reconfiguración del grupo de Visegrado, que estaba paralizado a raíz de los desacuerdos entre Hungría y Polonia por la guerra en Ucrania. Magyar ha anunciado que su primer viaje como primer ministro será a Polonia, el segundo a Austria y el tercero a Bruselas. 

Estas prioridades muestran la intención de revivir el formato de Visegrado, pero esta vez no como una fuerza euroescéptica. De hecho, probablemente el líder más feliz con la victoria de Tisza sea el propio presidente polaco, Donald Tusk, que ve cómo recupera un aliado en Hungría, puesto que Orbán se había convertido en uno de sus mayores rivales dentro del Consejo Europeo. 

Cuestión aparte es qué ocurrirá ahora con el Fidesz. El destino del partido dependerá de Orbán, que veremos si da por terminada su carrera política y pasa a engrosar la lucrativa plantilla de conferenciantes conservadores en Estados Unidos o decide permanecer en la oposición para volver a intentarlo en 2030, como ya hizo cuando perdió el poder por primera vez en 2002. 

Conclusión

La abultada victoria de Péter Magyar, pese a operar en un entorno mediático y electoral favorable a Fidesz, resulta especialmente significativa y pone de manifiesto los límites de las denominadas democracias iliberales.

En particular, evidencia cómo estos modelos pueden verse erosionados cuando coinciden dos factores: un contexto de estancamiento económico que cuestiona sus promesas de estabilidad y progreso, y la emergencia de una oposición con capacidad real para articular una base de apoyo electoral competitiva.

La victoria de Tisza también supone un revés para la administración de Donald Trump, cuya injerencia sin ambages en las últimas semanas —con visita del vicepresidente estadounidense J.D. Vance incluida— parece haber tenido un efecto contrario al deseado para los intereses de Orbán. Del mismo modo, representa un golpe para Putin, que ve como su caballo de Troya en la UE acaba de finalizar su recorrido. 

Para Magyar, la mayoría de dos tercios le da la oportunidad de hacer exactamente lo que prometió en campaña: reformar Hungría y alejar al país del orbanismo. Al mismo tiempo, esa mayoría eleva las expectativas y reduce el margen para justificar retrasos. El nuevo gobierno deberá equilibrar los tiempos necesarios para implementar reformas estructurales complejas con la exigencia de ofrecer resultados visibles a corto plazo a una ciudadanía que demanda cambios inmediatos.

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