El contexto internacional actual ha obligado a la Unión Europea a confrontar sus propias dependencias. La pandemia evidenció la fragilidad de las cadenas de suministro y el peso dominante de China. La guerra en Ucrania volvió insostenible la dependencia energética respecto a Rusia. Por último, la primera y —especialmente— la segunda administración de Donald Trump hicieron evidente la vulnerabilidad derivada de la dependencia en materia de seguridad y defensa de Estados Unidos.

La lección es clara: si la Unión Europea aspira a una mayor autonomía estratégica, debe adoptar un enfoque integral que refuerce su posición en los planos político, económico y militar. En este último ámbito, uno de los elementos más controvertidos es la cuestión nuclear. La UE, como tal, carece de capacidades militares propias y no dispone de arsenal nuclear. Entre sus Estados miembros, únicamente Francia cuenta con capacidad nuclear, a la que se suma Reino Unido como otra potencia nuclear del continente, aunque fuera de la Unión.

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