China y la teoría de juegos: El tablero del mar del Sur
La estrategia geopolítica de China ha estado desde siempre orientada a establecer una franja de amortiguadores fronterizos en torno a su núcleo central. La cohesión integral de la zona entre el Río Amarillo y el Río Yangtzé ha sido una pieza clave para Pekín, puesto que es ahí donde se concentra el mayor volumen de población y de actividad económica.
Otra zona clave en las aspiraciones de China es, sin lugar a dudas, el mar del Sur. Ahí es donde se encuentra la llamada “línea de 9 puntos”, que afecta a China y Japón, pero también a países como Malasia, Brunéi, Vietnam o Filipinas y una serie de islas e islotes.

La disputa
Pekín ha utilizado a su favor la justificación de “derechos históricos” para reclamar su soberanía sobre estos territorios y ha sabido articularla de forma ambigua para tener flexibilidad y margen de maniobra. Paralelamente, en los últimos años ha seguido construyendo infraestructuras en archipiélagos como el Arrecife Antílope, posibilitando una mayor proyección militar mediante pistas de aterrizaje, sistemas de vigilancia e instalaciones de misiles.
Estados Unidos ha intentado contrarrestar esta presencia mediante operaciones de libertad de navegación (FONOPs), mientras que otros países del sudeste asiático como Vietnam y Filipinas han impulsado sus propias estrategias de reclamo territorial.

Teoría de juegos: el Equilibrio de Nash
Cada movimiento en el mar del Sur de China está cuidadosamente calibrado y, en conjunto, genera una densa red de interacciones que se comprenden mejor desde la óptica de la interdependencia estratégica. Ahí es donde entra la teoría de juegos como un marco interesante para interpretar estas dinámicas, ya que, en esencia, esta disputa se parece a un juego no cooperativo de múltiples actores en el que estos disponen de capacidades asimétricas, pero intereses parcialmente superpuestos.
En este escenario, cada actor debe elegir entre estrategias que van desde la contención hasta la coerción, anticipando las respuestas de los demás en situaciones donde la información es incompleta. Dentro de este marco se encuentra el famoso Equilibrio de Nash, donde todos los jugadores eligen su mejor estrategia posible conociendo de antemano la decisión de los demás; un punto donde ningún participante tiene incentivos para cambiar su estrategia de forma unilateral, ya que cualquier modificación empeoraría su resultado.
Es bajo esta lógica que China ha estado expandiendo su presencia mediante lo que en inglés comúnmente se define como la estrategia de “salami slicing” (corte de salami). Esta táctica consiste en conseguir un objetivo complejo, impopular o de gran envergadura mediante una serie de pasos pequeños y progresivos que, si bien individualmente parecen inofensivos, van normalizando gradualmente sus actividades. Al final, cada pequeño corte obliga a los rivales a aceptar el nuevo statu quo para evitar un conflicto mayor, lo que redefine constantemente el tablero y consolida, paso a paso, un nuevo equilibrio que favorece los intereses de Pekín sin necesidad de cruzar el umbral de la guerra.

Ante esta ofensiva gradual, Estados Unidos, aunque cuestiona estos reclamos territoriales, ha evitado explícitamente cualquier acción que implique una escalada militar. Por último, los demás países de la región con reclamos propios, como Vietnam o Filipinas, han adoptado estrategias de contención basadas en resistir la incursión china, pero evitando acciones que puedan provocar represalias desproporcionadas. Esta cautela colectiva termina por validar el cálculo de Pekín, consolidando en la práctica un nuevo equilibrio asimétrico donde todos los actores eligen la moderación para evitar el peor escenario posible: un conflicto armado abierto.
Este equilibrio es estable en la medida en la que ningún actor puede mejorar su situación mediante un cambio unilateral de estrategia. Si China detuviera sus acciones, correría el riesgo de perder su ventaja estratégica; pero tampoco le compensa escalar de forma drástica.
Del mismo modo, si los estados más pequeños adoptaran posturas más agresivas, asumirían riesgos desproporcionados. Estados Unidos, por su parte, se mueve en un delicado equilibrio, entre mantener su credibilidad y proyección en Asia-Pacífico y evitar quedar atrapado en un conflicto regional con China.
Sin embargo, como advierte la propia teoría de juegos, los Equilibrios de Nash no son necesariamente eficientes ni deseables. Todos los actores podrían beneficiarse de una cooperación en la gestión de recursos y de una mayor claridad jurídica, pero los incentivos individuales los empujan hacia comportamientos competitivos.

La campaña china de construcción de islas artificiales alteró la estructura de incentivos al crear una situación difícil de revertir, elevando el coste de respuesta para otros actores. El fallo arbitral a favor de Filipinas en el año 2016, que determinaba que China carecía de base legal en sus reclamos territoriales, trató de reconfigurar la dimensión jurídica del juego.
No obstante, el rechazo de China al fallo puso de manifiesto un aspecto clave: las decisiones legales no modifican el punto de equilibrio si no alteran los incentivos de los actores. Pekín puede continuar con su estrategia porque ningún país regional tiene incentivos para asumir los costes de una escalada con China.
La propia teoría de juegos también apunta a que pueden existir varias vías de inestabilidad. Los errores de cálculo, derivados de información incompleta/inexacta o señales mal interpretadas, pueden empujar a los países a salirse de la senda del equilibrio.
Conclusión
Este es solo un marco más de análisis e interpretación de la disputa geopolítica que hoy domina el mar del Sur de China. En ausencia de un cambio estructural, es probable que esta región permanezca atrapada en un equilibrio estable pero tenso, caracterizado por una competencia persistente y un riesgo constante de errores de cálculo.
La Guardia Costera china, por ejemplo, utiliza cañones de agua contra embarcaciones filipinas aprovechando la asimetría de fuerzas entre ambos países, una muestra de cómo las tácticas en la llamada “zona gris” permiten ejercer coerción sin cruzar el umbral del conflicto abierto.

Todas estas dinámicas continuarán mientras los incentivos estratégicos de los actores permanezcan inalterados y el equilibrio actual siga ofreciendo mayores beneficios que los costes asociados a una escalada directa. Ahí es donde la teoría de juegos sigue siendo una herramienta útil, no solo para interpretar el comportamiento de los actores, sino para anticipar posibles cambios en el futuro.
Fuentes
- Strategic Standoffs: How Repeated Games Illuminate the Future of South China Sea Disputes - Institute for Security and Development Policy
- Antelope Reef Could Now Be the Largest Island in the South China Sea | Asia Maritime Transparency Initiative
- Common Interests and Two-Level Game Theory in the South China Sea Dispute on JSTOR
- The Nash equilibrium: A perspective
- Judgment Day: The South China Sea Tribunal Issues Its Ruling
- Warning Signs: How China Normalizes Its Military Presence – The Diplomat
- China Is Building Another Massive Military Base in the South China Sea - WSJ
- https://www.janes.com/defence-intelligence-insights/defence-news/sea/china-begins-constructing-new-island-in-south-china-sea