Bolivia es una de las naciones más singulares —y a menudo olvidadas— de Latinoamérica. Cuenta con una población y una geografía muy diversas, así como con un clima político generalmente inestable, que ha convertido al país en una tierra de oportunidades y fracasos constantes a lo largo de su breve historia.

 Presidente de la República, Gabriel Boric Font, asiste a la asunción del Presidente de Bolivia, Rodrigo Paz
Toma de posesión de Rodrigo Paz, 8 de noviembre de 2025. Fuente: Dirección de Prensa, Presidencia de Chile

Bolivarianismo

Las dos últimas décadas han estado marcadas por el movimiento MAS (Movimiento al Socialismo), liderado por el dirigente sindical Evo Morales, quien asumió la presidencia en 2006. Fue un mandatario de orientación socialista y el primero en la historia del país perteneciente a la etnia aymara. 

Su gobierno se caracterizó por un marcado proteccionismo y por su estrecha relación con otros ejecutivos de izquierda en la región, alejándose en numerosas ocasiones de la línea occidentalista y adoptando posiciones críticas con el sistema internacional liberal y sus instituciones. De esta manera, optó por la nacionalización de sectores estratégicos como el gas, el petróleo, las telecomunicaciones y la electricidad, lo que provocó un rechazo frontal por parte de los inversores extranjeros y limitó la apertura de Bolivia —y de sus vastos recursos naturales— al exterior.

Asimismo, reformó el sistema constitucional en 2009, definiendo al país como un Estado plurinacional. Esta reforma reforzó la protección de los derechos de la población indígena, dándoles mayores mecanismos de participación democrática directa a nivel local y regional.

Foro Social Mundial de 2009
 De izquierda a derecha: el presidente paraguayo Fernando Lugo, el presidente boliviano Evo Morales, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, el presidente ecuatoriano Rafael Correa y el presidente venezolano Hugo Chávez en el panel latinoamericano del Foro Social Mundial de 2009. Fuente: Agência Brasil

Derrumbe y caos

El final de Evo Morales llegó en 2019, tras las sospechas de fraude electoral y varios años de deriva autoritaria, tanto ad intra como ad extra, que culminaron con su renuncia y salida del país. A partir de ese momento, Bolivia entró en una etapa de transición especialmente convulsa, en la que fuerzas tanto de izquierda como de derecha compitieron por el poder.

Tras el exilio de Morales, se estableció un gobierno interino entre 2019 y 2020, presidido por Jeanine Áñez (derecha). Este ejecutivo adoptó una política interna muy restrictiva que derivó en protestas violentas, como las registradas en Sacaba y Senkata.

En 2020 se celebraron nuevas elecciones, en las que resultó vencedor el candidato del MAS, Luis Arce, con más del 50 % de los votos. Su gobierno afrontó tanto las consecuencias de la pandemia como la persistente inestabilidad política y social del país, y llegó a ordenar la detención domiciliaria de la anterior presidenta interina.

 Presidente Luis Arce pronuncia discurso en conmemoración del Día del Estado Plurinacional.
El entonces presidente Luis Arce pronuncia un discurso en conmemoración del Día del Estado Plurinacional, 22 de enero de 2022. Fuente: Asamblea Legislativa Plurinacional

Una nueva era

El 17 de agosto de 2025 se celebraron unos nuevos comicios que dieron la victoria a Rodrigo Paz, poniendo fin a más de dos décadas de predominio del MAS.

Esta nueva legislatura rompe con la cosmovisión en la que el país andino ha estado inmerso durante los últimos veinte años, lo que abre la cuestión de si Bolivia —uno de los países con mayores reservas de litio del mundo y con importantes explotaciones de gas y otros minerales estratégicos— optará por una mayor apertura hacia el exterior.

El nuevo presidente se ha propuesto impulsar una mayor privatización en un país cuya economía está, en gran medida, controlada por el Estado o fuertemente condicionada por este, lo que limita el emprendimiento privado. Asimismo, ha anunciado su intención de reducir los subsidios a los combustibles y de abordar algunos de los principales problemas de la nación, como la inflación y la escasez de reservas de divisas.

En política exterior, se prevé un giro hacia Occidente, con un mayor acercamiento a Estados Unidos y Europa, así como una participación más activa en las organizaciones internacionales.

El Presidente Milei saluda a su par de Bolivia, Rodrigo Paz Pereira.
El presidente de Argentina, Javier Milei, saluda a Rodrigo Paz Pereira, 8 de noviembre de 2025. Fuente: Argentina.gob.ar

El principal desafío para materializar estos objetivos es lograr que la sociedad boliviana —fuertemente polarizada tras años de crisis políticas y económicas— se aleje de la confrontación y perciba mejoras tangibles en su calidad de vida, mediante un mayor acceso a servicios y un incremento del consumo derivado de la apertura política e internacional.

Una de las principales palancas de crecimiento económico para Bolivia es la explotación del litio. El país alberga las mayores reservas mundiales, concentradas principalmente en el Salar de Uyuni, lo que le confiere una posición estratégica en el contexto de la transición energética global.

El litio es un insumo crítico para la fabricación de las baterías empleadas en vehículos eléctricos y dispositivos electrónicos, cuya demanda internacional ha crecido de forma sostenida en los últimos años. Durante los gobiernos del Movimiento al Socialismo se adoptó un modelo de fuerte control estatal sobre su explotación, restringiendo la participación de capital extranjero y el desarrollo a gran escala del sector.

El actual contexto político reabre el debate sobre el modelo de explotación más adecuado. En particular, plantea la posibilidad de una mayor apertura a la inversión internacional como vía para acelerar el desarrollo del sector y consolidarlo como uno de los ejes estructurales del crecimiento económico del país.

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Conclusión

En definitiva, Bolivia se encuentra ante una encrucijada histórica. El cambio político podría marcar el inicio de una nueva etapa de apertura económica y de mayor alineamiento con Occidente o, por el contrario, derivar en un nuevo episodio dentro de su prolongada inestabilidad política.

En un contexto internacional caracterizado por la creciente competencia por recursos estratégicos como el litio, el rumbo que adopte el país andino en los próximos años será determinante no solo para su desarrollo interno, sino también para su posicionamiento en la geopolítica de la transición energética global.

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