Martin Sandbu no se equivoca en su artículo para el Financial Times al afirmar que la Unión Europea debería utilizar a su favor los puntos de estrangulamiento que controla. La política exterior estadounidense bajo la administración Trump ha puesto de manifiesto un aspecto clave: ya no se trata solo de entender las reglas del juego, hay que jugarlas y utilizarlas en tu beneficio. 

El paper titulado Relearning the Language of Power, de Jonathan Barth y Andreas Eisl, publicado por la Geostrategic Europe Taskforce, parte de este diagnóstico: el despertar geopolítico de Europa ha sido reactivo, no estratégico. 

Un nuevo orden al que adaptarse

La autopercepción de la Unión Europea se forjó en un entorno históricamente excepcional, en el que las garantías de seguridad estadounidenses, la expansión de la globalización y la profundización del multilateralismo permitieron a Europa sustituir la palanca material por poder regulatorio. Bruselas perfeccionó la política de normas, el derecho de la competencia y el acceso al mercado. 

Sin embargo, Barth y Eisl argumentan que este modelo centrado en la regulación ocultó su acceso al poder estratégico. Europa desarrolló dependencias de carácter “casi existencial”: flujos energéticos procedentes de Rusia, infraestructura 5G de China, tecnología militar de Estados Unidos, cadenas de suministro de semiconductores ancladas en Taiwán y ecosistemas de computación para IA concentrados en los hiperescaladores estadounidenses. 

La vulnerabilidad surge donde la sustitución es lenta y asimétricamente costosa. Cuando una de las partes puede interrumpir cadenas de suministro a un coste tolerable para sí misma, pero inasumible para la otra, aparece la coerción. El problema europeo es, en este marco, no la dependencia en sí misma, sino la insolvencia para identificar dónde dispone de capacidad de presión recíproca. 

Ranking de empresas más valiosas de la UE por capitalización bursátil, con SAP, Novo Nordisk, ASML, Hermès y LVMH.

Tanto Barth como Eisl sostienen que la “autonomía estratégica”, tal y como se despliega en el discurso de Bruselas, corre el riesgo de convertirse en un proyecto de aislamiento. Para ambos, la solución debería radicar en cartografiar los propios cuellos de botella europeos: identificar sectores en los que otras grandes economías dependen de insumos originados en Europa. Intermediarios farmacéuticos, maquinaria industrial especializada o procesamiento de uranio son algunos de los ejemplos. Europa subestima su propia posición estructural.

¿Cómo proyectar poder entonces? Tiene dos dimensiones fundamentales. En primer lugar, la posesión de instrumentos: controles a la exportación, restricciones de acceso al mercado, mecanismos de control de inversiones, medidas anti-coerción, etc. En segundo lugar, la voluntad política de emplearlos. Barth y Eisl aconsejan rebajar los umbrales de activación de este tipo de mecanismos para permitir la disuasión preventiva y no meramente una respuesta de represalia. El Instrumento Anticoerción (ACI), por ejemplo, solo se activa al sufrir un acto coercitivo. 

ASML, la joya de la corona

La UE tiene varios frentes donde aplicar presión, pero el ecosistema de semiconductores destaca principalmente. ¿El arma? La litografía avanzada a través de ASML. El control europeo de la litografía EUV constituye un cuello de botella. El estudio Autonomy or Indispensability? Identifying the EU’s Semiconductor Lodestar sostiene que reforzar este nodo podría transformar la ventaja estructural en capacidad geopolítica. El caso de los semiconductores es especialmente relevante porque converge con la inteligencia artificial. La litografía EUV es imprescindible para los nodos que surgen de los chips más avanzados (≤7 nm), por lo que la posición de ASML actúa, de facto, como puerta de expansión de la nueva IA. 

Ilustración del funcionamiento interno de un sistema de litografía EUV.
Ilustración del funcionamiento interno de un sistema de litografía EUV. Fuente: ASML

La relevancia política de ASML parte de tres rasgos estructurales fundamentales. Primero, el monopolio: es el único proveedor de máquinas de litografía EUV. Segundo, la indispensabilidad: la fabricación avanzada de chips por empresas como TSMC depende de sus herramientas. Tercero, la lenta sustituibilidad: replicar la misma tecnología EUV exigiría un salto tecnológico colosal que requeriría mucho tiempo y dinero. 

Para aprovechar este cuello de botella, ASML podría, por ejemplo, restringir las exportaciones de nuevos sistemas EUV o incluso los servicios de mantenimiento. El mantenimiento es especialmente sensible porque las máquinas tienen ciclos de vida de entre 10 y 30 años y requieren una revisión continua. 

Otra vía que se analiza en el estudio es el desarrollo de un equivalente a la Foreign Direct Product Rule estadounidense. Un régimen de este tipo podría exigir licencias de exportación para chips fabricados con litografía de origen europeo.

Principales empresas de semiconductores en Países Bajos con facturación y distribución regional, destacando ASML y NXP.

Sin embargo, existen limitaciones relevantes. ASML mantiene una dependencia significativa de tecnología estadounidense: en torno al 10 % de su base tecnológica procede de Estados Unidos, y componentes críticos —como los láseres de su filial Cymer— la sitúan dentro del alcance jurisdiccional de Washington.

A ello se suma la elevada concentración geográfica de la fabricación. Medidas dirigidas únicamente contra Estados Unidos tendrían un impacto limitado sobre el suministro global, salvo que se extendieran a Taiwán, un escenario que implicaría costes geopolíticos de gran magnitud.

La UE necesita un nuevo Bismark

El equilibrio estratégico que Europa debe buscar es, por tanto, delicado. Existen cuellos de botella en múltiples capas y el control sobre una no elimina la vulnerabilidad en otras. Europa depende profundamente de la capacidad china de procesamiento de minerales críticos. Para los autores, la ventaja comparativa europea reside en identificar, reforzar y coordinar sus tecnologías estrella, como los sistemas EUV de ASML, al tiempo que mitiga vulnerabilidades clave. 

Empresas cotizadas más valiosas del sector de chips por capitalización, lideradas por Nvidia, Broadcom y TSMC.

La conclusión es que la histórica reticencia europea a ejercer presión ha quedado obsoleta ante la nueva realidad internacional. Ahora, el sistema está definido por una geoeconomía basada en el poder. Sin embargo, el ejercicio de ese poder debe ser calibrado e integrado dentro de una estrategia industrial coherente. Europa debe ser creíble en su compromiso para actuar cuando sea necesario.

Fuentes

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