Fuente: Deutsche Welle

El pasado 12 de julio, el Ministerio del Interior de Kuwait anuncio la detención de una célula terrorista vinculada a Hermanos Musulmanes, y formada por 8 miembros de origen egipcio.

Estos miembros miembros habrían admitido haber participado en distintos atentados en Egipto, entre ellos el asesinato al ex- fiscal egipcio Hisham Barakat.

Por otro lado, los miembros pertenecientes a dicha célula habrían sido trasladados a Egipto, para que fuesen condenados en su país de origen, por los crímenes cometidos. También habla de la posibilidad de más miembros pertenecientes a la célula que consiguieron huir y que posiblemente se encontrarían afincados en Turquía y Qatar.

Toda esta situación nos plantea la siguiente cuestión: ¿hasta qué punto ciertos países quieren colaborar de manera efectiva contra la lucha del fanatismo y del extremismo?

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